domingo, 27 de marzo de 2011

Vértigo señores! Vértigo!!

Desperté y me percaté de la incómoda sensación: ésa cosa rara en el estómago de cuando uno está en la parte más alta de un juego mecánico, a punto de caer. En ese momento me dije "dioses... ya vamos a empezar o qué?!" y sí. Ya empezamos.

En el viaje de regreso al hogar sentí vértigo, mientras comía sentí que me caía de la silla y no al suelo, sino a un vacío infinito; mientras caminaba por la calle sentí que en cualquier momento se abriría una grieta enorme y tendría que caminar justo por el borde... Todo el día esa sensación molesta.

Muchas personas lo describen como "mariposas en el estómago" y supongo yo que así se les llama cuando sólo hacen acto de presencia durante un par de minutos si acaso, en caso de ver al objeto de nuestras románticas fantasías. Pero lo mío no son mariposas!! es pánico, es una presión constante al inicio del estómago que nada más no cede.

Hace mucho tiempo no me había sucedido esto. Sucedía constantemente y sólo por unos momentos al despertar cuando soñaba con ella. Con esta ella me ha sucedido todo el santo día y es simplemente insoportable! Algo en mí, esa vocecilla si gustan, mi conciencia, Pepito Grillo, mi instinto, mi intuición... me dice que dejaría de sentir el precipicio en el estómago si la abrazara. Estoy casi segura de que si me sujetara a su cuerpo dejaría de sentir como si caminara en la cuerda floja o como si subiera por una escalera sin barandal.

Subo y subo, despacio pero sin poder detenerme. La escalera es angosta y no hay pared ni barandal de los qué sujetarse. Como buen mono que soy, mantengo el equilibrio el mayor tiempo posible. Me concentro y sigo subiendo pero la sensación en el estómago me pesa más con cada escalón hasta que lo escucho: despierta idiota! qué estás esperando!?

Me detengo con miedo, pues a menudo sucede que, al querer reanudar el camino después de una pausa, éste se vuelve más escarpado. En ese caso, más empinado. Dejo de moverme, me tambaleo.

- Ya desperté! maldita sea! ya desperté de acuerdo? ya lo vi todo claro, ya lo sentí todo!- Una décima de segundo después de dicho eso pierdo el equilibrio irremediablemente. La cola no me sirve de nada y, como si algo o alguien hubiera sacudido la escalera, resbalo. La presión se hace insoportable y asciende al diafragma. No puedo gritar, todo el espacio ha sido ocupado por el Vértigo.

Ahora toco el suelo, lo toco con todo el cuerpo. La primera sensación: está frío, se me eriza la piel y me pesa la nuca, lo toco con las palmas de las manos, mi vientre es acariciado por las baldosas congeladas... muslos, pecho, mejilla y brazos reposan contraídos sobre la superficie dura. Me duele. Ha sido un golpe seco.

- Shhhh... - susurra el diafragma, previendo las lágrimas que, de prisa, se acercan a mis ojos.

- Shhhh...- repite suave, queriendo contenerme.

Y me doy cuenta: el vértigo se ha ido. Ya no está más. De pronto - y qué raro- me siento en paz.

Ya no quiero llorar,
no quiero moverme.
Ya me caí,
ya me chingué,
creo...
que me enamoré.


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