Cualquiera pensaría que es una verdadera delicia y sí lo es, desde pequeña me acostumbraron a dormir con pijama y la verdad es que las primeras ocasiones en las que me rebelé, osea hace unas semanas, me sentí culpable, como si hiciera algo malo... pero bueno, mis culpas y asuntos respecto al cuerpo humano van en otro post, otro día. Volviendo a la historia, disfrutaba de un sueño reparador cuando lo escuché: el odioso zumbido, punzante en mi oído izquierdo. Ya me había estado rascando la muñeca izquierda entre dormida y despierta pero al escuchar esa nefasta aclaración de que era una roncha, me detuve y abrí los ojos. La oscuridad me impidió, obviamente, encontrar al criminal, así es que encendí la luz. Para no hacer largo el cuento, nunca pude matarlo. Lo vi dos veces y las dos veces, el muy pillo, escapó. Cómo me hubiera gustado aplastarlo entre mis palmas y ver mi sangre afuera de ese cuerpecillo odioso...
Mal inicio, pero excelente día. Aunque me desperté tarde, alcancé el camión y la carrera que eché de la parada a la escuela valió la pena por que llegué justo a tiempo para el pase de lista. Si bien el trabajo que hice no quedó perfecto, al menos fue un experimento fructífero. Al ir a hacer mis horas (porque estoy becada y tengo que pagar mi pobreza con horas de achichincle en la universidad) había tanto trabajo... pegar carteles en los corchos de tooodo el campus, quitar carteles, revisar los que había, reacomodarlos en cada corcho... Empezaba a sentir esa conocida pesadez en todo el cuerpo y había justo encontrado la palabra para describir mi estado cuando la vi llegar.
- Hey!!! :D ya terminaste el examen?
- Sí, ya sabes sus preguntas...
- :D estaba agobiada
- por?
- hay mucho trabajo, qué bueno que viniste. Estoy salvada!
Mas o menos así fue la conversación... y me acompañó durante dos interesantes horas a pegar y despegar carteles, a acomodarlos en los corchos y a engrapar y desengrapar mientras yo intentaba (un poco en vano) meterme bajo su piel.
Terminó el día escolar, comí mole! muy bueno por cierto. Terminé mis tareas para mañana y, aunque hay varios pendientes, hoy la vida me ha regalado una de sus mejores sonrisas y yo se la devuelvo desde el teclado de la lap, amplia y sincera, y le digo: Gracias por hoy!
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